Sobre Mí

Mi camino en el Yoga

Recuerdo perfectamente mi primera clase de Yoga. En aquel entonces estaba atravesando una época de estrés y ansiedad y alguien me recomendó practicar Yoga para aprender a relajarme y a respirar. 

Salí encantada de esa primera clase. Y enseguida se convirtió en una rutina. La mejoría fue palpable: mi cuerpo, que era muy rígido, se fue flexibilizando, la espalda dejó de dolerme, empecé a descansar mejor y empecé a comprender la importancia de la respiración.

Me pareció extraordinario descubrir que estaba en mí la capacidad de autorregularme, aunque sin duda fue y sigue siendo algo que todavía me cuesta. 

En definitiva, no es ni ha sido un camino lineal. Ha habido baches, altos, llanos y caídas pero el Yoga, en sus distintas formas, siempre está y ha estado ahí. 

El Yoga está para acompañarnos en todos nuestros procesos. El Yoga nos propone una forma distinta, más funcional de relacionarnos con el mundo. Es una invitación a mirar de frente a la vida con todo lo que trae. 

Un salto de fe

Durante los primeros años de práctica, ahí donde yo iba el Yoga venía conmigo. Ya fuera en una ciudad distinta, en otro país, en un trabajo nuevo, o en cualquier otro acontecimiento vital.

Encontré mi propósito cuando decidí formarme y empezar a impartir clases. Hice mi primera formación en Hatha Yoga y posteriormente he realizado otras formaciones en Yin Yoga y Yoga Terapéutico. También tengo formación en Pilates y me mantengo en constante actualización. 

Por mi experiencia personal, el trabajo con el cuerpo es esencial. Con la práctica física trabajamos la fuerza, la movilidad, suavizamos tensiones y ablandamos rigideces. Aprendemos a habitarlo y, desde ahí, accedemos a nuestra mente y emociones.  

El cuerpo es la puerta de entrada hacia algo más sutil. Aprendemos a reconocer el estado interno, a sostener lo que hay y a transformar aquello que es susceptible de cambio.

El Yoga nos conecta con nuestra sensibilidad. Nos permite ver cómo somos, comprender nuestros condicionantes, ver qué tenemos que aceptar y qué podemos trascender. 


El Yoga se basa en la experiencia, en el sentir. Y por eso, es un salto de fe.